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miércoles, 2 de marzo de 2011

PSICOGRAFÍAS




Muchas personas, apoyando un lápiz en un papel, bien liso para facilitar el movimiento, tras un espacio de diez o quince minutos inmóviles y concentrados, sentirán una expresión extraña en el brazo y manos inertes.
Comenzarán entonces a sentir impulsos desordenados, produciéndose trazos caprichosos en el papel. Después se formarán letras y, tras cierto entrenamiento, palabras cada día más legibles. Pasando el tiempo, las personas más propensas a este peligroso automatismo y escisión de la personalidad podrán escribir inconscientemente y a velocidad febril páginas enteras.

Lo que con entrenamiento muchas personas pueden conseguir, algunas lo adquieren enseguida sin o con poquísimo entrenamiento aunque, con el ejercicio, la psicografía puede desenvolverse hasta límites insospechados.
Así como hay psicografía o escritura automática, hay también dibujos, escultura, composición y ejecución de música, danza, etc., totalmente inconscientes.
El operario Agustín Lesage fue un excelente pintor, sin haber estudiado pintura jamás. La señorita Helena Smith dibujaba, en trance, extraños paisajes que ella decía eran de Marte. En sueño hipnótico inducido por Emile Magin, la joven Magdalena ejecutaba danzas de una incontestable belleza plástica. Yola Catera fue un destacado músico automático. Los ejemplos son innumerables.



AUTOMATISMO



En la psicografía o escritura automática debemos distinguir en principio tres aspectos: La escritura, lo escrito y el escritor o, en otras palabras, el acto de escribir, el contenido de lo escrito y el agente intelectual.
La escritura o acto de escribir, la acción “mecánica” de la escritura no es propiamente parapsicológica, por más maravillosa que pueda parecer la velocidad con que se escribe. Se puede escribir de derecha a izquierda invirtiendo las letras de forma que sólo mirándolas al espejo se puedan leer, imitándose perfectamente la letra de otra persona, etc. Todas estas maravillas no pasan de habilidades que en sí mismas nada tienen de propiamente parapsicológico. Son habilidades que hasta conscientemente pueden ser adquiridas y entrenadas.

El psicógrafo escribe “automáticamente”. Cuando un pianista ejecuta con brillantez una sonata difícil, es evidente que no está conscientemente transmitiendo a cada uno de los dedos de las dos manos las instrucciones precisas acerca de las teclas que deben ser presionadas en aquella vertiginosa sucesión.

Se trata, evidentemente, como en otros muchos hábitos, de automatismo, en mayor o menor grado, debido a la actividad inconsciente subliminal.
Estos automatismos, verdadera ostentación de memoria, agilidad, comando, precisión, etc., del inconsciente pueden orientar a los supersticiosos que quedan sorprendidos por las habilidades externas del psicógrafo. Como el pianista, el psicógrafo no se ocupa conscientemente de lo que su mano hace. El autómata oye las conversaciones de las personas presentes o habla de otra cosa... Es fenómeno “simple” que pertenece a la psicología ordinaria, no directamente a la parapsicología.




INCONSCIENTE

La psicografía, para ser verdadera, y no un truco más o menos irresponsable, tiene que surgir del inconsciente. El psicógrafo escribe sin saber lo que escribe, “automáticamente”. Puede darse cuenta de qué está escribiendo, pero no de lo que está escribiendo. El consciente del psicógrafo no asiste a la experiencia más íntimamente que las personas presentes.
Grasset hace propia las consideraciones de Pierre Janet, que también cita las experiencias de Myers con respecto a psicógrafos que no consiguieron releer lo que ellos mismos escribieron, o que se equivocan en la lectura, teniendo entonces que pedir a los espíritus de los muertos que escriban más legiblemente...

Siendo escritura inconsciente, es imposible que psicógrafo se acuerde de lo que escribió. O entonces es truco. Pero esto no quiere decir que el inconsciente no se acuerde de lo que inconscientemente se escribió. El psicógrafo en estado normal no recuerda conscientemente nada de lo que psicografió, pero en cualquier otra situación de inconsciencia (sueño, hipnosis, trance, otra psicografía, etc.) puede aparecer el recuerdo que parecía estar totalmente ausente del cerebro.
La inconsciencia de la psicografía, sólo prueba eso, que es inconsciente.
El término automatismo, escritura automática, destaca precisamente este aspecto, se tarta del resultado de una creación espontánea en la que el inconsciente no interviene.





EL CONTENIDO


Así como la “mecánica” y la inconsciencia de la escritura automática no pasa de un fenómeno simplemente psicológico, de la misma manera el contenido de la psicografía, generalmente, sólo en forma indirecta pertenece a la parapsicología. La regla general es que el psicógrafo no manifiesta más que conocimientos normales, archivados en su inconsciente.
Una persona no recordaba absolutamente nada de lo que le había sido dicho durante el estado hipnótico profundo. Posteriormente, escribió inconscientemente todo lo que le había sido dicho por el médico durante el estado hipnótico. Al mismo tiempo que escribía, este psicógrafo leía, completamente despierto, un libro de historia sin tener conciencia ninguna de lo que la mano estaba escribiendo.
Casos como éste prueban suficientemente no sólo que el inconsciente archiva todo lo que le es dicho durante el trance a pesar de la amnesia consciente, sino también que es el inconsciente el que dirige la mano y manifiesta los conocimientos en él archivados.
Naturalmente que los datos archivados en el inconsciente generalmente surgen de éste modificados, como es típico en las manifestaciones del inconsciente.




CONTENIDO PARAPSICOLÓGICO
Aunque generalmente el psicógrafo sólo manifiesta elaboraciones de su inconsciente a partir de datos captados normalmente en el ambiente, en las lecturas, etc., excepcionalmente puede aparecer algún dato captado por vía parapsicológica.
Hay excepciones, raras relativamente, pero absolutamente numerosas, dada la enorme cantidad de personas que con la práctica de la psicografía vienen desequilibrándose cada vez más y liberando con frecuencia creciente las facultades parapsicológicas.
Entre los ejemplos más notables, se encuentra el de la Sra. Curran.

La Sra. P. L. Curran, de Saint Louis, psicografió cuentos, novelas, poesías, etc., en gran cantidad. A algunas de estas obras psicografiadas se les ha atribuido valor literario.
La médium había abandonado sus estudios a los catorce años. Llegó a psicografiar a una velocidad extraordinaria, no se corregía nunca y daba prueba de vastos conocimientos de historia.

Lo más curioso en la Sra. Curran es que en sus escritos no usaba la lengua actual, sino la del siglo XVII, época en que habría vivido Patience Worth, a cuyo espíritu la Sra. Curran atribuía sus psicografías. No aparece ninguno de los neologismos introducidos posteriormente y contiene un porcentaje de palabras anglosajonas mucho más elevado que el que se encuentra en los escritores ingleses actuales, hecho que corresponde a la lengua empleada en el siglo XVII.

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